
Mi padre solía golpearnos cuando hacíamos algo mal, o nos portábamos mal, o no hacíamos caso a lo que se nos decía; no era necesario cometer una falta grave para conocer la furia rezagada del señor cinturón que mi padre utilizaba para saciar su sed marcando nuestra piel con una franja púrpura de dolor.
Mi abuela y mis tías usan prácticamente de sirvienta a mi hermana poniéndola a realizar la mayoría de quehaceres de la casa sin darle descanso siquiera para hacer las tareas que le dejan en el colegio. Mi hermana barre, plancha, hace las tortillas, la comida, etc., aparte, tiene que encargarse de nosotros (sus hermanos pequeños) y de darle de comer a mi padre. Mi hermana fue lo que yo llamo una Señora antes de tiempo.
Por supuesto mi padre es sumamente estricto con ella, no la deja salir sola ni a la esquina y tiene prohibido con creces tener algún tipo de novio o algo. No éramos una familia de religiosos ni nada, pero ese tipo de cosas nunca se le dejaron pasar.
Cada día mi hermana está más y más triste y desesperada por los malos tratos, los regaños y gritos, los golpes y todo el conjunto de prohibiciones. Recuerdo claramente una noche en la que mi hermana aparentemente se había visto con su novio (su ahora esposo), y esa noche, mi padre se metió en un pequeño mini cuarto que se había hecho mi hermana haciendo divisiones con unas cortinas viejas en vez de paredes, solamente para tener un poco de privacidad, puesto que era la única mujer entre tres hombres. Me imagino lo frustrante que fue para ella todo esto, y realmente espero que la haya hecho más fuerte y sabia. Pero ya me estoy desviando, mi hermana se había visto con su novio esa noche, y mi padre enfurecido y guiado por el odio que mis tías inculcaron en él, y en sus propias frustraciones y rencores hacia mi madre, se metió en el cuarto de mi hermana y la golpeó salvajemente con un cinturón de cuero macizo, la azotó como quien azota a un criminal que acaba de asesinar a una indefensa niña, sin misericordia a pesar de los gritos de angustia de mi pobre hermana, y de las súplicas que le hacía pidiéndole perdón por haber hecho lo que cualquier otra chica de su edad hubiera hecho.
Esa noche como muchas otras, mi hermano y yo solamente escuchábamos y veíamos los salvajismos de ese que se hace llamar mi padre, y nos moríamos de miedo rogando a dios o cualquier entidad protectora que no nos golpeara a nosotros también, pues cuando se enojaba, la ira hacía que arremetiera contra todo y todos, sin misericordia y sin ningún tipo de arrepentimiento.
Fueron varias golpizas hasta que un día, mi valiente hermana le dejó una nota en la cama en la que la golpeó brutalmente, diciendo que se iba a ir lejos a trabajar. Llevó sus cosas, la poca ropa que pudo llevar consigo, y se fue a escondidas de su verdugo, llorando por dejar a su familia, pero simplemente ya no era humano seguir viviendo de esa forma; con todo el apoyo de su novio, quien desde ese momento nunca la ha dejado sola y la ha defendido. Mis tías y mi abuela por supuesto, la trataron de puta, la criticaron, le desearon los peores males por haber “abandonado” a sus inhumanos torturadores. Eso me hace pensar que todos quieren ver lo que quieren o lo que sus reducidos cerebros los dejan ver, mi familia hablaba con tanta convicción de que habían hecho lo correcto siempre, que odiaron a mi hermana por haberse librado de tales maldades y desprecios, ¿tonto e irónico no creen?


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